Cada vez que alguien me pregunta si creo en las terapias alternativas o complementarias, siento que la pregunta ya viene con una trampa adentro: nos obliga a elegir un bando. Pero después de años explorando ambos mundos, llegué a una conclusión simple — la pregunta correcta no es "¿cuál de las dos?", sino "¿por qué tendría que ser solo una?".
El enfoque holístico: tratar a la persona, no solo el síntoma
El ser humano es mucho más que un cuerpo físico; abarca también aspectos emocionales, mentales, espirituales y energéticos, todos interconectados para funcionar en armonía. Por eso me parece esencial adoptar una visión integral sobre la salud y el bienestar — no solo tratar los síntomas físicos una vez que aparecen, sino abordar las causas, trabajar en la prevención, y acompañar de forma global el proceso de recuperación del equilibrio.
El enfoque holístico se refiere justamente a eso: tratar todo el sistema, no una sola parte. En un mundo donde cada persona es única, no podemos esperar que todas respondan igual a los mismos tratamientos. Por eso creo que vale la pena estar abiertas a explorar el abanico completo de opciones terapéuticas disponibles, en vez de quedarnos con una sola por default.

¿Qué es realmente el bienestar?
El bienestar es una sensación de equilibrio y plenitud que abarca lo físico, lo emocional, lo espiritual, lo energético y lo social. Pero hay algo que casi nunca se dice: nuestra forma de entender el bienestar no es neutral — está moldeada por estructuras de poder y modelos culturales que influyen en cómo vemos nuestro propio cuerpo, y también en cómo elaboramos, necesitamos o "merecemos" la salud o la enfermedad. Es una mirada que todavía está lejos de la medicina occidental, que muchas veces, en su necesidad de sostener una industria, deja al margen la esencia verdadera de lo humano.
Hoy existe una búsqueda incesante de bienestar que, paradójicamente, tiende a disociar el cuerpo físico del resto de los aspectos que nos componen. La cultura de la inmediatez y el consumismo de la industria de la salud exacerban esa tendencia. Se naturalizó tomar medicación para dormir, para transitar procesos emocionales, para regular ciclos hormonales, para cualquier indigestión — para todo lo que prometa la panacea del bienestar instantáneo.
Y junto con eso, nos acostumbramos a no asumir responsabilidad por nuestra propia salud. Si engordamos, la culpa es del metabolismo, en vez de mirar nuestra conducta alimenticia. Si tenemos dolor lumbar, tomamos un analgésico y seguimos diez horas más sentados frente a la computadora, culpando al trabajo. Si nos enfermamos en invierno, el responsable es el frío, en vez de pensar que también puede ser un sistema inmune debilitado por nuestros propios hábitos.
Lo que se perdió en el camino: Iquitos como ejemplo
En este proceso, se fueron descuidando prácticas curativas milenarias que ofrecen enfoques más holísticos y menos invasivos. Un ejemplo que me marcó es Iquitos, Perú, donde la medicina chamánica ancestral de los pueblos de la Amazonía convive con una proliferación sorprendente de farmacias modernas — letreros brillantes que fusionan palabras nativas con "farma", en un contraste irónico con la sabiduría local que sigue ahí, conviviendo en silencio.
¿Cómo llegamos a ser persuadidos sobre qué significa el bienestar? Somos seres multidimensionales, con riqueza espiritual y mental, viviendo en cuerpos físicos dentro de un entorno social — pero muchas veces sin conciencia real de esa complejidad. Estamos ante una encrucijada continua de decisiones que afectan directamente nuestro bienestar. La pregunta que me hago, y que te dejo: ¿cuánto contribuimos realmente, de forma activa, a ese estado?
“No hay que tratar enfermedades, sino a las personas que con su realidad llaman a las enfermedades, siendo la clave en el diagnóstico detectar el patrón del desequilibrio de los diversos sistemas dentro del cuerpo humano”. - Neijin, Tratado de Medicina China Tradicional, año 2600 a.C.
Medicina occidental, oriental y ancestral: tres miradas, no dos bandos
Las distintas medicinas tradicionales entienden que las enfermedades del cuerpo están conectadas con las de la mente. El cuerpo humano es un sistema complejo, y las enfermedades —salvo el envejecimiento natural— suelen surgir de desequilibrios en su dinámica. Sin embargo, al no priorizar el rol de la mente dentro de la enfermedad, la medicina occidental se centra en tratar los síntomas con fármacos, cirugías y tecnología avanzada, con énfasis en la bioquímica y la fisiología — separando, muchas veces, el cuerpo del resto de lo que compone a una persona.
La medicina oriental, como la tradicional china o el ayurveda, ve al individuo como un todo integrado, donde cuerpo, mente y espíritu están interconectados. Aunque también tiene sus propios repertorios de medicamentos naturales, su tratamiento se centra en restaurar el equilibrio energético y en la prevención, no solo en curar lo que ya se manifestó.
Y por último está la medicina nativa y ancestral de distintos pueblos, basada en el conocimiento transmitido de generación en generación, que reconoce la conexión profunda entre el ser humano y la naturaleza: plantas medicinales, piedras, rituales y prácticas espirituales para sanar el cuerpo y el alma a la vez. Si te gustaría profundizar más acerca de las plantas medicinales de Argentina, te invito a leer este post donde dejo plasmadas más de 100 variedades con sus usos y propiedades.

Entonces, ¿son alternativas o complementarias?
Después de explorar la complejidad del ser humano y reflexionar sobre qué es realmente el bienestar, me parece claro que un enfoque médico que solo considere una parte del individuo —aplicando procedimientos genéricos y estadísticos— termina limitando tanto nuestras opciones como nuestra comprensión integral de la salud.
Elegir el camino hacia el bienestar implica entender en profundidad nuestras propias necesidades, y estar abiertas a las distintas opciones que el mundo nos ofrece. Vernos como un todo nos lleva a entender que ninguna terapia debería ser vista como una alternativa excluyente, sino como un complemento que nos enriquece y nos fortalece.
Creo que es momento de dejar atrás la idea de que solo una forma de medicina es válida, y adoptar una mirada más amplia: aprovechar todas las terapias disponibles, reconectar con nuestra sabiduría interna, revalorizar las prácticas curativas heredadas, y mirar hacia adentro confiando en nuestra capacidad innata de sanar, en lugar de buscar siempre la respuesta afuera. Tal vez ahí —integrando lo antiguo con lo nuevo, lo natural con lo científico— esté el verdadero equilibrio. Al menos en mi caso, me niego a aceptar que la salud y el bienestar verdaderos quepan dentro de un solo fármaco.
¿Vos qué pensás?
¿Encontraste tu propio equilibrio entre lo convencional y lo alternativo, o todavía sentís que tenés que elegir un bando? Me encantaría leerte en los comentarios — esta es justo la clase de conversación que vale la pena tener en comunidad, no en soledad.
Si este post resonó con algo que estás atravesando — un proceso de cambio, una búsqueda de herramientas más integrales para tu vida — Expedición Sentir: Sendero de Transformación es el libro en el que escribí sobre ese camino desde adentro.



0 Comentarios