Enfoque holístico
El ser humano es mucho más que un cuerpo físico; abarca también aspectos emocionales, mentales, espirituales y energéticos, todos ellos interconectados para funcionar en armonía. Por lo tanto, es esencial adoptar una visión integral sobre la salud y el bienestar. Esto implica no solo tratar los síntomas físicos una vez que se manifiestan, sino también abordar las causas subyacentes, trabajar en la prevención y acompañar de manera global el proceso de recuperación del equilibrio.
El enfoque holístico se refiere a tratar todo el sistema en lugar de una parte del cuerpo. En un mundo donde la diversidad es la norma y cada individuo es único, no podemos esperar que todos respondan de la misma forma a los mismos tratamientos. Además, la vida no sigue un camino lineal, por lo que debemos estar abiertos a explorar el amplio abanico de opciones terapéuticas y medicinales que hay cada vez más disponibles para encontrar lo que mejor se adapte a nuestras necesidades individuales.

El Bienestar, ¿Qué es?
El bienestar es una sensación de equilibrio y plenitud que abarca los aspectos físicos, emocionales, espirituales, energéticos y sociales. Es esencial comprender que nuestras necesidades de cuidado se extienden a todos estos niveles para nutrirnos por completo. Desde una perspectiva humanística, el concepto de bienestar está determinado por las estructuras de poder y los modelos culturales, que influencian nuestra forma de ver y asumir el propio cuerpo, pero también la forma subjetiva de ver, elaborar, necesitar o merecer la salud o la enfermedad. Este enfoque aún está lejano de ser aplicado por la medicina occidental, que muchas veces en su necesidad afanosa de sostener la industria, dejan al margen la esencia verdadera de lo humano.
En nuestra actualidad, es posible observar una búsqueda incesante de bienestar que desafortunadamente tiende a disociar el cuerpo físico del resto de los aspectos emocionales, energéticos y mentales. Esta tendencia se ve exacerbada por la cultura de la inmediatez y el frenesí consumista que promueve la industria de la salud. La publicidad, hábilmente diseñada para perpetuarse en nuestras mentes, ha moldeado nuestras percepciones y decisiones en relación con nuestro bienestar. Se ha naturalizado profundamente tomar medicaciones para dormir, para transitar procesos emocionales, para controlar ciclos hormonales, para indigestiones, y para todo lo referido a la panacea del bienestar.
Además, nos hemos acostumbrado a no asumir responsabilidad por nuestra salud, justificando con excusas externas nuestros males, en lugar de examinar nuestras propias acciones. Si engordamos, la culpa es del metabolismo, en vez de prestar atención a nuestra conducta alimenticia; si tenemos dolor lumbar, rápidamente tomamos un analgésico y continuamos más de 10 horas sentados frente a una computadora culpando al trabajo; y, por supuesto, si nos enfermamos en temporada invernal, el responsable es el frío, en vez de pensar que es un factor probable, como también que seguramente tenemos un sistema inmune débil debido a nuestros propios comportamientos.
En este proceso, se descuidaron prácticas curativas milenarias que ofrecen enfoques más holísticos y menos invasivos. Un ejemplo ilustrativo de esta desconexión se encuentra en Iquitos, Perú, donde la medicina chamánica ancestral de los pueblos de la Amazonía coexiste con una proliferación sorprendente de farmacias modernas, cuyos letreros brillantes y llamativos que fusionan palabras nativas con “farma”, contrastan irónicamente con la sabiduría local.
En medio de este escenario, es crucial cuestionarnos: ¿Cómo hemos llegado a ser persuadidos en el significado de bienestar? Somos seres multidimensionales, con una riqueza espiritual y mental, viviendo en cuerpos físicos y un entorno social, pero carecemos de conciencia o comprensión de esta. Nos encontramos ante una continua encrucijada de decisiones que afectan directamente nuestro bienestar, ¿Cuánto contribuimos verdaderamente a este estado?
“No hay que tratar enfermedades, sino a las personas que con su realidad llaman a las enfermedades, siendo la clave en el diagnóstico detectar el patrón del desequilibrio de los diversos sistemas dentro del cuerpo humano”.
NEIJIN. TRATADO DE MEDICINA CHINA TRADICIONAL. AÑO 2600 AC.
Medicina: una mirada global
Las diferentes medicinas tradicionales, en su esencia, consideran que las enfermedades del cuerpo están conectadas con las enfermedades de la mente. Se entiende que el cuerpo humano es un sistema complejo y que las enfermedades, salvo por el envejecimiento natural, son provocadas por desequilibrios en la dinámica natural del cuerpo. Pero es cuando se toma en cuenta la importancia de la mente dentro de la enfermedad, que la medicina occidental prioriza el tratamiento de los síntomas mediante el uso de fármacos, cirugías y tecnología avanzada con un enfoque predominantemente físico. Aquí, la atención se centra en aliviar y restaurar la función del cuerpo, con énfasis en la bioquímica y la fisiología. Sin embargo, se tiende a separar el cuerpo del resto de los aspectos que componen a las personas.
Contrario a la medicina occidental, la medicina oriental, como la medicina tradicional china y la ayurveda, consideran al individuo como un todo integrado en el que cuerpo, mente y espíritu están interconectados. Aunque tienen repertorios de medicamentos de origen natural, el tratamiento se centra en restaurar el equilibrio energético y en la prevención.
Por último, la medicina nativa y ancestral de diferentes pueblos se basa en el conocimiento transmitido de generación en generación, donde se reconoce la conexión profunda entre el ser humano y la naturaleza. Aquí, se utilizan plantas medicinales, piedras, rituales y prácticas espirituales para sanar el cuerpo y el alma.

Entonces, las terapias ¿Son alternativas o complementarias?
Luego de haber explorado la complejidad del ser humano y reflexionado sobre el concepto de bienestar, queda claro que optar por un enfoque médico que solo considere una parte del individuo y aplique procedimientos genéricos y estadísticos puede limitar nuestras opciones y nuestra comprensión integral de la salud.
Elegir el camino hacia el bienestar implica una comprensión profunda de nuestras necesidades individuales y una apertura a las diversas opciones que el mundo nos ofrece. Considerarnos como un todo, nos lleva a entender que ninguna terapia debería ser vista como una alternativa excluyente, sino como un complemento que nos puede enriquecer y fortalecer. Es tiempo de dejar atrás la noción de que solo una forma de medicina es válida y adoptar una visión más amplia para aprovechar al máximo todas las terapias; de volver a conectar con nuestra sabiduría interna y revalorizar las prácticas curativas que han sido transmitidas de generación en generación; de mirar hacia adentro y confiar en nuestra capacidad innata para sanar, en lugar de buscar respuestas fuera de nosotros mismos, quizás, al hacerlo, encontraremos un equilibrio integrando diferentes perspectivas y prácticas entre lo antiguo y lo nuevo, entre lo natural y lo científico. Al menos en mi caso, me niego a aceptar que la verdadera salud y el verdadero bienestar están en un fármaco.





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