En la vida, estamos inmersos en un complejo tejido de decisiones y encuentros fortuitos que, con el tiempo, revelan un significado profundo. Detrás de la aparente aleatoriedad de nuestro devenir, se oculta un entramado de sincronicidades en la vida que dan forma a nuestro destino.
Una simple fotografía, capturando un instante en el tiempo, se convirtió para mí en el punto de partida para reflexionar sobre una cadena de eventos. Sucesos que, a primera vista, podrían parecer insignificantes, pero que adquieren una relevancia trascendental cuando se observan en retrospectiva. Como dice el refrán popular: con el diario del lunes, todos seríamos Gardel.
Este relato conecta algunos de esos momentos que nos llevan a considerar la ineludible posibilidad de que exista un plan perfecto, más allá de nuestra comprensión. Acompañame en el recorrido de estos eventos y descubramos juntos el mejor legado que recibí de una de las agencias más prestigiosas de Latinoamérica.
El inicio del hilo invisible
2005: La semilla en el espejo retrovisor
El eco de las palabras de mi padre resuena en el auto mientras conduce por las rutas de San Luis que nos devuelven a casa. El día había sido intenso, luego de una jornada de desfiles y reuniones cargadas de posibilidades.
En medio de la charla sobre mi futuro, mi padre lanza una propuesta audaz. "¿Y si continuamos este viaje a Buenos Aires y te acompañamos a la agencia de Pancho Dotto?", pregunta con seriedad, cruzando su mirada con la mía por el espejo retrovisor.
Una risa nerviosa escapa de mis labios ante la incredulidad. "Aún no creo que sea el momento, ya lo será, gracias por la oportunidad", le respondo, intentando calmar mis pensamientos. A mis quince años, las pasarelas ya eran habituales, pero las grandes ligas parecían lejanas. La semilla había sido plantada y esa conversación ya estaba trazando mi destino.
2007 - 2009: De Córdoba a las grandes luces
La necesidad imperiosa de escapar de un entorno familiar complicado me empujó a tomar decisiones drásticas. Terminé el secundario en tiempo récord, me lancé al mundo laboral para ganar libertad y me mudé a Córdoba capital.
Mientras me esforzaba por asegurar mi estabilidad y comenzar la universidad, el destino dio un giro. Un cliente —el mismo fotógrafo al que hoy llamo "el negro luz" y que me dejó una de las lecciones más crudas sobre no perder mi esencia— entró al comercio donde trabajaba, me observó detenidamente y me dijo: "Vos tenés que ser modelo. Soy fotógrafo y tengo un desfile en el que me gustaría que participes".
Acepté. Durante ese evento, una representante de Rebel —una agencia emergente— me dejó su tarjeta. Tras varias entrevistas, me ofrecieron mudarme a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En menos de un mes, puse mi cuerpo en forma para cumplir con las medidas (si...en aquel momento la moda aún se regía por los fatídicos 90-60-90) renuncié a todo lo que había construido en Córdoba, empaqué mi vida y comencé a trabajar como modelo profesional.
La llegada a Dotto Models y una foto premonitoria
2011: El debut oficial
Tras el cierre repentino de mi primera agencia y un intento fallido en publicidad, tuve que volver al trabajo en relación de dependencia. Sin embargo, invité a un amigo a visitarme en el restobar donde trabajaba, quien vino acompañado de su nueva pareja, Agustina Quinteros.
Durante la charla, ella me sorprendió: "Soy modelo de Dotto, me gustaría ponerte en contacto con ellos para que vuelvas a trabajar en la moda". El momento que tanto había anhelado en mi adolescencia por fin se materializaba, de una forma totalmente inesperada, y esta vez me sentía preparada.
Me presenté en la agencia y los bookers me recibieron con una sonrisa: "¡Te vimos desfilar hace algunos años y no pudimos localizarte! Bienvenida al equipo".
Mi debut oficial fue en el BAF Week, evento al que asistí junto a mi padre. Entre la multitud, y luchando por no asfixiarme con un caramelo de menta por los nervios, Pancho Dotto me recibió con un fuerte abrazo.
Aún conservo las miradas cómplices con mi papá, repitiéndonos "¡Mirá dónde estamos!". Ese día, Pancho nos indicó ubicarnos para una fotografía grupal. Una acción aparentemente normal que, años más tarde, se convertiría en el registro exacto de las sutiles sincronicidades en la vida.
Cuando la riqueza se mide en contención
2014: La Chinita y las despedidas
Para este año, la agencia había cerrado sus puertas, pero la tradición de reunirnos cada 26 de septiembre por el cumpleaños de Pancho se mantenía intacta. Esos eventos me permitieron entablar amistades que trascendieron lo profesional, forjadas por la experiencia compartida de ser del interior del país viviendo en la gran ciudad.
En junio, atravesé una separación de pareja. Buscando apoyo, contacté a Rocío Pérez Suarez, una compañera entrerriana a la que apodamos "La Chinita". Su respuesta fue inmediata: "Venite para casa. Es un departamento pequeño, pero nos acomodamos". Llegué con mi auto lleno de cajas y mi gato.
Meses después, el 2 de octubre, recibí la devastadora noticia del inminente fallecimiento de mi padre. A pesar de los 800 kilómetros de distancia, llegué a Villa Mercedes para compartir sus últimos minutos. Durante ese difícil proceso, La Chinita se mantuvo despierta toda la noche acompañándome con mates mientras yo manejaba, y luego me abrió las puertas de su familia en Entre Ríos, quienes me recibieron como a una hija.
2016: Axel, Pía y el diagnóstico
Otro gran amigo entrerriano de la agencia fue Axel Neri, cada vez que nos veíamos insistía: "Tenés que conocer a Pía, van a ser grandes amigas". Pía Marcollese tenía una gran trayectoria en moda y periodismo, lo que me intimidaba un poco, nos habíamos cruzado ocasionalmente en eventos, pero no lográbamos compartir demasiado como para conocernos. Ante la insistencia de Axel, un día nos juntamos a cenar, otro a tomar mates, y efectivamente, nuestros encuentros comenzaron a ser ritual.
Cuando me diagnosticaron cáncer colorrectal debido a una poliposis adenomatosa familiar, las primeras personas a las que llamé después de mi familia fueron Axel y Pía.
En medio de la incertidumbre, me brindaron un apoyo incondicional. Me prepararon comida, me ayudaron en mi higiene personal y me alentaron a volver a caminar. Su amor fue indispensable en mi recuperación; secaron mis lágrimas y, muchas veces, me hicieron llorar de felicidad.
Las sincronicidades en la vida y el hilo de Jung
Han pasado veinte años desde aquella conversación en el auto con mi papá. Al mirar hacia atrás, veo que cada paso y desvío fue una pieza clave en el rompecabezas de mi destino.
Al observar aquella fotografía del BAF Week de 2011, tengo un registro visual de las personas que cambiaron mi vida, todas juntas en un mismo espacio, Pancho, Axel, y lo más fascinante: Agustina, La Chinita, Pía y yo estamos paradas exactamente una al lado de la otra, entre tantos lugares, las cuatro ubicadas en la misma fila. En ese entonces no nos conocíamos ni habíamos cruzado una sola palabra. Sin embargo, el tiempo nos convirtió en una familia de corazón. El vínculo es tan profundo que hoy tengo el honor de ser la madrina de la hija de Pía.
Pancho Dotto fue un puente de conexiones. Nos brindó acceso a una riqueza auténtica: una red de contención humana que no se desvanece, sino que me salvó la vida. Por eso afirmo que me hice millonaria trabajando allí.
¿Casualidad o entrelazamiento?
¿Qué son realmente estos sucesos? El psicólogo Carl Gustav Jung acuñó el concepto de sincronicidad para definir eventos que parecen carecer de una causa directa, pero que están relacionados de manera significativa en el plano emocional.
Incluso la física cuántica postula el "entrelazamiento cuántico", sugiriendo que dos partículas pueden estar conectadas instantáneamente sin importar la distancia, desafiando nuestra comprensión tradicional del espacio y el tiempo.
Independientemente de su explicación científica, las sincronicidades en la vida nos recuerdan que todo es perfecto y acontece en el momento correcto. No somos simples espectadores, sino participantes activos en la danza de la existencia.
¿Alguna vez experimentaste este tipo de sincronicidades en tu propia vida? La próxima vez que te encuentres frente a una serie de eventos aparentemente coincidentes, detenete un segundo a observar el hilo invisible que los une.
Me encantaría leer tu experiencia: dejame tu historia en los comentarios o compartí este artículo con esa persona que el destino puso en tu camino de forma inexplicable.



ADEMÁS DE ESTA HISTORIA (TU HISTORIA), ME ENCANTA SU RITMO, DINO. NO RESULTA SENCILLO ENCONTRARLO HOY POR HOY (HOY QUE ES TAN FÁCIL DECIR, ESCRIBIR, MANIFESTAR…¡SIN RITMO!) ENTRE TANTA COSA DANDO VUELTAS POR LA RED.
y, SI ME LO PERMITÍS, CON ESTO DE LAS SINCRONICIDADES, ADEMÁS DEL DISCAZO DE THE POLICE JAJA, ME HICISTE RECORDAR UN ENCUENTRO, HACE CASI DIEZ AÑOS EN CASA DE «NUEVOS AMIGOS» (TAMBIÉN ANDABA YO DE MIGRANTE POR LA CABA).
ESA NOCHE, MI AMIGO QUE TAMBIÉN ES POETA, NOS MOSTRÓ LA DEDICATORIA DE UN LIBRO QUE PARA ÉL ERA MUY VALIOSA, Y YO, ADEMÁS DE COMPARTIR LA ALEGRÍA QUE NOS COMPARTÍA, OBSERVÉ QUE LA FECHA DE LA DEDICATORIA CORRESPONDÍA AL MISMO DÍA EN QUE CELEBRÁBAMOS AQUEL ENCUENTRO, UN PAR DE AÑOS ANTES.
AHORA QUE TE LO CUENTO, NO ESTOY SEGURO SI ES UNA SINCRONICIDAD O APENAS UNA «ASOCIACIÓN ILÍCITA» COMO ME GUSTA DECIR, CUANDO, POR CASO, PUEDO VINCULAR LA MÚSICA DE LA COFRADÍA DE LA FLOR SOLAR CON UNA CANCIÓN DE LED ZEPPELIN.
mE ENCANTÓ TAMBIÉN DESCUBRIR TU WEB Y ESE VIAJE EN BICI QUE PENSABA, HACE APENAS UNOS DÍAS, HABÍAS ABANDONADO.
¡MIS MEJORES DESEOS PARA ESA TRAVESÍA POR LOS PAISAJES DE ADENTRO Y AFUERA!